No te tengo a mi lado, no esta tu cuerpo sobre el mío ni tus manos acariciando mi cara, no tengo tu boca mordiéndome la espalda, ni contando las horas que nos quedan. No tengo tu risa resbalando sobre mis pechos y éste desierto se me derrama entre las piernas.
Anotaciones de un desierto propio.
Contigo.

La raíz de la vida la bebí de tus entrañas hasta estremecernos, vomitar tanta felicidad contenida en orgasmos únicos. Contigo la muerte es absoluta, irremediable, un eco ruidoso de inquebrantables soledades. Contigo también la vida me vuelve invencible, mis fantasmas están quietos y dóciles, estoy viva, no tengo miedo.

Luces.

Miro en la ventana la débil luz que parpadea

autos que parecen monstros 

grito invariablemente aterrador

amenazante silencio de la noche.

El amor es también aterrador

como la noche y el grito.

Al principio yo no quería hablar de amor

y miraba el fondo de esta calle

su forma tan elemental y de pálido color

me recordaron tu piel.

Pálida piel en la que ahogué toda clase de promesas

los ojos de la muerte que nos hizo tan felices

fui dueña de tus infinitos paraísos 

de tus tierras despobladas

sembré amor donde eras virgen

Miro en la ventana y sé que tu boca

-salvaje boca-

repite mi nombre bajito casi en silencio

para caminar las tierras que alguna vez me fueron.

El amor es también la débil luz

que amenaza esta noche.

junio 2014


Cierro los ojos y recorro un laberinto. Estoy perdida. Su cuerpo fue mi mar, mi aurora boreal, toda mi felicidad.

Nos ardimos con los ojos, con las manos, con el alma. Esa clase de incendios invencibles no se olvidan.

La Canción es de Damien Rice y se titula i remember.

Sin destino

I.

Conozco el amor indómito, lo he padecido

le he abrazado tan fuerte hasta matarlo.

Ese amor culpable, sin cura, melancólico

e x t r a v a g a n t e

desesperado, ambiguo, solitario y estremecedor.

 

Amor que de la risa al llanto un soneto de lágrimas imploras.

 

Germinas

              llueves

                       mueres

                                 matas.

 

Amor irrepetible.

 

Un amor perturbador de presagios fatales

de besos felinos,

muy parecido a la muerte.

 

II.

Yo vi sus ojos y no hubo más visiones

que nosotros, devorándonos

impacientes la carne,

el pensamiento,

la paz.

 

En su boca habitaba y aquel paisaje

de su lengua, buscando hacer una tormenta

entre mis mares, me hizo vulnerable.

 

III.

Nos volvimos desierto

y la arena en los ojos nos dejó ciegos.

Fuimos entonces

los amantes sin destino

dos dunas ajenas

en aquella inmensidad inexplicable.

 

Amores perdidos.

-preludio-

Ir al encuentro inmaculado, soñado en la memoria

rozar apenas la sorpresa del vacío

tu sonrisa compulsiva en un laberinto inevitable.

Inútil paisaje, el poema sugerente de tu cuerpo

la desgracia de las horas perdidas.

-fuga-

Huyo de ti como fugitiva

todavía con la tristeza entre los labios o la rabia.

-interludio-

El dolor florece algunas veces

al evocarte se marchita

vuelve.

febrero, 2013. 

 

 


Thurston Hopkins nació en Londres en 1913 y antes de hacerse fotógrafo estudió como ilustrador gráfico, lo que le dio probablemente más armas para en 1930 dedicarse definitivamente a la fotografía. En la Segunda Guerra Mundial se enfiló a la Unidad Fotográfica RAF por lo que su visión fotográfica se torno más intimidante y a la par espontánea. Terminada la Guerra trabajo freelance para varios periódicos hasta trabajar de manera exclusiva para Picture Post. Como todos los fotógrafos de la época montó su estudio y logro colarse a la fotografía de publicidad con éxito. 

Lo fascinante de Hopkins es el poder que tiene de irrumpir en la intimidad de las personas sin incomodar, surgiendo una espontánea y magnífica fotografía.